Escuer y Bernal

11 de julio de 2009

REVELACIÓN

Mónica Sánchez Escuer


Después de cuatro cubas, ella lo mira con la certeza de haber encontrado los labios que tanto había buscado en otras bocas. Él, adivinándola, se acerca, le acaricia el cuello con los dedos, le dice dos palabras que nadie escucha y le inclina la sonrisa. Los cuerpos se precipitan sobre la mesa diminuta y las cubas, como ellos, se derraman en un largo beso. Como el licor sobre sus piernas, la sangre corre y los enciende. Sólo advierten que algo les ha caído encima cuando, al salir del bar en busca de algún paraíso donde desnudar su deseo, el aire les enfría de un golpe los pantalones y la piel. No hablan, sólo se ven unos segundos y descubren la mirada álgida que los despide.