Escuer y Bernal

10 de agosto de 2009

MISIÓN

Jorge Márquez

Abajo todo cambia vertiginosamente, mientras vuelo, rebasando el sonido y haciendo gritar el aire a mi paso. Si tuviera alas, ya se habrían consumido, y si mi piel fuera humana, ya sólo quedarían huesos descarnados. Inclusive el hiperdiamante de mis ojos vibra, emitiendo suaves gemidos. Tras el horizonte nada logro ver, pero no es de noche: el cielo mismo se ha calcinado. Acelero. El aire se ioniza, mi cauda supersónica no provoca solamente truenos, sino que va sembrando relámpagos y traza cicatrices de azules llamas. Pero la velocidad me impide escuchar el estruendo de mi vuelo… o el que adelante me aguarda. Atravieso un doble huracán de fuego y en sus centros –mis destinos- se extiende una calma que no me tranquiliza. He llegado demasiado tarde: Sodoma, Gomorra… solamente ceniza.