Escuer y Bernal

25 de junio de 2009

DESIERTOS

Mónica Sánchez Escuer


Una ráfaga de sueños rotos la despierta. Aún le punzan en el vientre. Le ha entrado el líquido espeso de otra boca. La habitación, como ella, parece sudar: desde el techo, chorrea gotas secas de pintura que nunca caerán a refrescarla. La luz se empeña en atravesar las persianas cerradas y le raya la piel entumecida. Una voz maloliente se asoma entre sus piernas: sube, la muerde, reclama el desayuno. Semidesnuda, seca, se cubre con la sábana: no deja al marido ni al sol entrar de lleno. Él se levanta sin mirarla. Ella piensa en los huevos revueltos que no probará, mientras oye cómo él se vacía en el lavabo.